Mi Familia Nepalí

Toca hablaros de mi familia Nepalí.

Antes de llegar a Nepal no sabía muy bien con lo que me iba a encontrar. Sí, sabía que un tal Shiva estaría esperándome en el aeropuerto y que habíamos pactado que le ayudaría en lo que pudiera, según mis capacidades, para remontar su empresa y él a cambio me daría alojamiento y comida. Aun así, no sabía muy bien qué aspecto tendría, donde vivía o cómo era su familia, ni siquiera sabía muy bien a lo que se dedicaba o cómo podría ayudarle, pero sobre todo, lo que no sabía es que no solo me daría alojamiento y comida sino que además me abriría las puertas a su familia.

Shiva, Sharmila y Sabinaya se han convertido en estas tres semanas en una especie de familia adoptiva. Desde el primer día me trataron como uno más, como si siempre hubiera estado aquí, como si nos conociéramos de muchos años y simplemente había pasado un tiempo fuera sin verles. Es raro, es extraño y difícil de explicar, pero desde el primer minuto sentí plena confianza dentro de su más que humilde casa.

Llegué con muchas energía, estaba físicamente cansado de todo el viaje pero mi mente estaba ansiosa de comenzar con la experiencia, de aprender nuevas cosas y de empaparse de todo lo nuevo que le rodeaba. Sabía perfectamente que tendría que mostrarme una persona abierta, dispuesta a integrarse en una cultura que dista muchísimo de la suya y recuerdo haberle dicho a Shiva nada más llegar a la puerta de su casa: “Shiva, todo lo que tú hagas y como tú lo hagas así lo quiero hacer yo, quiero ser uno más”. Me quité los zapatos para entrar, me senté en el suelo para cenar y usé mis manos torpemente para comer mi primera comida en su casa, arroz con curry y sopa de lentejas. Creo que esa voluntad por integrarme cuanto antes y de la mejor forma posible hizo que tanto Shiva como el resto de su familia empezaran a tratarme como uno más sin que hubieran pasado ni tan siquiera 24 horas.

En Nepal tienen un dicho que dice así: “अतिथिदेवो भव” (Atithi devo bhava) lo que en español significa “trata al invitado como si fueran Dioses”. Suena muy fuerte, ¿como si fuéramos Dioses? Nadie es un Dios, nadie es más que nadie, pero es la forma que tienen de mostrar gratitud a la gente que se interesa por conocerles un poquito mejor. Es por ello que siempre nos saludan juntando las dos manos al tiempo que nos dicen Namaste. Lo he comprobado y entre ellos se saludan de forma mucho más simple. Se suelen dar la mano, como todo el mundo, aunque de manera ligeramente distinta a nosotros, algo más sutil y superficial. En mi caso no fue así, en mi caso tuve la impresión de saltarme la fase de “turista” y pasar directamente a miembro de la familia.

Como ya sabréis por mis anteriores entradas en el blog, Shiva tiene familia muy humilde, no dudaría en calificarla como pobre si vivieran tal cual en España. Sin embargo, nunca he tenido la impresión de que me faltara algo. No tienen agua corriente, la mayor parte del tiempo la pasan sin luz eléctrica por los cortes que hay en la zona, obviamente no tienen nevera, ni ningún otro tipo de electrodoméstico, no tienen salón ni sillones o sofá, por no tener no tienen ni sillas, pero yo me voy con la sensación de que lo tienen todo. Tienen la sonrisa de Sabinaya, el calor de Sharmila y la alegría y música de Shiva (que toca la flauta maravillosamente). Tienen una familia con las ganas de vivir y salir adelante.

Después de estar aquí varias semanas uno empieza a romper con lo establecido. Hay un comentario que antes decía a menudo, incluso creo haberlo empleado en alguna entrada anterior, cambio de mentalidad. “Te habrá costado adaptarte, no habrá tenido que ser fácil ese cambio de mentalidad”, me decían, pero cuanto más paso aquí más me doy cuenta que no se trata de un cambio de mentalidad, se trata de una ampliación de mentalidad, una apertura de miras, una prolongación de tus horizontes. Tú no cambias de mentalidad por estar aquí, tu abres tu mente y amplías esa mentalidad con lo que la gente de aquí tiene para aportarte. Estando en casa del padre de Shiva, tumbado en la cama dentro de esa casetilla que construyeron después del terremoto, pensaba lo intolerante que nos hemos vuelto a tantas cosas. Pensaba esto porque al mirar a la ventanita que estaba en la pared de la cama veía varias telas de arañas con sus respectivos dueños, miraba al techo y veía muchas más, en cada intersección de los tablones de madera con el bambú había una pequeña araña. Pensaba en la cantidad de gente que es incapaz de descansar o estar tranquilos si se han percatado de la presencia de un mísero insecto. Me acordé de mi madre que es incapaz de dormir si ha visto una salamanquesa aun siendo en la otra punta de la casa. ¿Son fundados estos miedos o nos lo hemos creado nosotros mismo? ¿Nos estamos volviendo cada vez más intolerantes al mundo real? Tanto estar dentro de las ciudades nos está haciendo perder el sentido de los que es el planeta y mucha gente está olvidando que somos una simple especie más con la fortuna o desgracia de tener conciencia.

Lo que intento decir es que vivir con ellos me ha hecho darme cuanta de que tenía el rumbo perdido y que me estaba dejando llevar. Quiero que se me entienda bien lo que pretendo expresar. No estoy diciendo que tengamos que volver todos a vivir en las cuevas y dejar la tecnología y las comodidades olvidadas, nada más lejos de lo que pretendo decir. La tecnología nos facilita la vida (y todos sabéis que yo la adoro y que la he convertido en mi medio de vida), pero nos puede hacer olvidar de donde venimos. Simplemente pretendo expresar que hay que ser conscientes en todo momento del verdadero valor de las cosas, saber distinguir lo que de verdad merece la pena y lo que no, lo que merece un solo segundo de nuestra preocupación y lo que ni siquiera se merece que le echemos cuenta.

¿Por qué suelto todo esto? Pues porque creo que esto es lo más valioso que me llevo de la familia de Shiva. Verles en el día a día, convivir con ellos, compartir nuestro tiempo durante estas tres semanas me han permitido pensar y darme cuenta de todas estas cosas. La felicidad está innata en el ser humano, todos nacemos felices o con la capacidad de serlo, lo que sucede es que la vamos enterrando dentro de nosotros con los problemas que nos vamos creando y con los que dejamos que la sociedad nos cuele. He aprendido estos días que si somos capaces de relativizar los problemas, de darles la importancia que realmente tienen, es más sencillo ser feliz.

Gracias Shiva, gracias Sharmila y gracias Sabinaya por todo lo que me habéis enseñado.

Namaste con las dos manos juntas.

4 thoughts on “Mi Familia Nepalí

  1. Me ha encantado este post. Enhorabuena, y espero que tu viaje siga siendo tan fascinante y nos deleites con más entradas así.

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