La Bondad de la Carretera

Llevo tiempo queriendo compartir mi experiencia con algo que para muchos es una locura, un riesgo innecesario o, simplemente, algo impensable de hacer. Lo cierto es que para mi ha sido una de las experiencias más positivas de todo mi viaje, ha fortalecido mi fe en la bondad humana y en la acción altruista o el uso de bienes inmateriales como moneda de cambio. No todo es sobre el dinero en esta vida, no todo consiste en pagar por un servicio con una moneda física. En la vida tiene más valor intercambiar positivismo, experiencias, buen rollo, la amistad o la gratitud que todo el oro del mundo.

Encontrarte comiendo carne al horno en una casa de alguien que no has visto en tu vida, que te acoja una familia como si de un pariente lejano se tratara, que compartan contigo todo lo que alguien tiene sin ni tan siquiera insinuarte que quieren algo a cambio… vivir eso es de las mejores cosas que te pueden pasar en la vida y precisamente eso es lo que sentí recorriendo el norte de Argentina.

El día 7 de abril acabé mi voluntariado en la ciudad de Córdoba, Argentina, dando comienzo a mi etapa final en este país el cual parecía que me había atrapado y no me dejaba salir. En total han sido dos meses y medio los que he pasado en estas tierras, dos meses y medio increíbles. Esa misma mañana me levante con la determinación de llegar a la frontera con Bolivia de la forma más barata y económica posible. La respuesta ya la sabréis todos a estas alturas, haciendo dedo y buscando alojamiento en las casas de los locales usando la Web de Couchsurfing. ¿El resultado? no podría haber sido más gratificante, más emocionante y más divertido. Lo volvería a repetir una y mil veces. Pero bueno, os cuento la historia para que lo comprobéis por vosotros mismos.

Usando un poco el sentido común decidí no hacer dedo desde la misma ciudad de Córdoba. Se trata de una ciudad grande y es muy difícil encontrar un lugar oportuno para que la gente te vea y decida pararse. Me dirigí bien temprano a la estación de autobuses, unos 45 minutos caminando con todo a cuestas pero me resultó tan bonita Córdoba que no me importó en absoluto.

  • Disculpe ¿Me da un billete para el primer colectivo que salga con destino Jesús María?
  • Es en 15 minutos. Cuesta 66 pesos – Al cambio unos 3,70€

Listo, ¡ya había empezado mi “mini aventura”!. No se puede decir que nunca haya hecho dedo, estudié en la Facultad Politécnica de La Rábida, en Palos de la Frontera, y los primeros años solía volverme de la facultad a la ciudad haciendo autoestop a la salida del campus, algo bastante común entre los estudiantes. También había recorrido parte de Myanmar a dedo con mi amiga Hanah, pero podría decir que en esta ocasión era la de verdad, la definitiva, lo hacía solo y por una larga distancia, era la prueba de fuego.

Llegué en unos 45 minutos al pueblo en cuestión y le pedí al chófer que me dejara sobre la carretera 9 lo más a las afuera del pueblo posible. Si os fijáis en el mapa, Jesús María no es mas que un pequeño pueblo que se asienta a las faldas de la carretera que, precisamente, es la que va en dirección al norte. Toda persona que fuera a Tucumán tenía que pasar por allí, era el sitio perfecto. Así pues, a los pocos minutos ya estaba a las afuera de esa población, pocos metros después de un semáforo e inmediatamente antes a una explanada de tierra, ideal para que la gente circule a baja velocidad, me vea y decida parar en la explanada. Me despojo de mi mochila y empuño el cartel donde se podía leer “TUCUMAN” y que el día anterior me había impreso mi amiga Flavia, una chica maravillosa con una familia genial que se portaron conmigo mejor que bien.

¿Por qué San Miguel de Tucumán? Bueno, mi destino más inmediato era Salta, una ciudad que se encontraba a unas 8 horas en coche de Córdoba y donde ya tenía apalabrado mi siguiente voluntariado. Pero es obvio pensar que cuanto más corto sea el trayecto más fácil será que alguien se pare y te lleve así que elegí la ciudad más grande que había a mitad de camino. No había ninguna otra razón, solo la de acortar los trayectos. En los días previos ya me había preocupado de buscar un couch donde quedarme, ya tenía acordado con Pato que me podía quedar esa noche sin problemas en su casa. Así que estaba todo saliendo como esperaba, eran las 10:30 de la mañana, yo acababa de empezar a enseñar el cartel con mi destino y ya sabía donde dormiría esa noche. Nada podía salir mal.

Nada podía salir mal… hasta que a los 10 minutos de estar plantado a pie de la carretera se baja un camionero que estaba en su camión aparcado justo detrás mío y me dice:

  • Si vas a Tucumán ten mucho cuidado, allí la gente es muy peligrosa. Si vas hacer dedo allí que no sea a las afuera, y el que te lleve que te deje en tu destino, que no tengas que andar mucho.

Ea… ya ha tenido que venir uno a joderme el día, con la sonrisa que yo tenía para intentar convencer a la peña de que soy buena gente. No me mal interpretéis, aprecio muchísimo el consejo de ese señor, pero no era el típico comentario que uno le gustaría escuchar en esa situación, le di las gracias, lo almacené en mi mente pero intenté no hacerle mucho caso, hay que tener cuidado, cierto, pero no hay que volverse paranoico. Siempre he actuado de manera prudente y me ha ido muy bien, no tenía porque ser distinto ese día.

Y no me equivocaba. No pasaron ni 10 minutos más, ante de la media hora escucho como un coche empieza a pitar, me giro y veo un pequeño coche blanco casi al final de la explanada de tierra y una mano que me indica que me acercara por la ventanilla. ¡Genial, alguien me quiere llevar!  Rápidamente me echo la mochila a la espalda y me dirijo al coche corriendo. Al asomarme por la ventanilla veo a dos chicas jóvenes con una sonrisa de oreja a oreja que me dicen:

  • ¡Hola! Nosotras no vamos a Tucumán, pero vamos a Santiago del Estero que está a mitad de camino, por si te vale.
  • ¡Claro que me vale!

Abrí el maletero, metí la mochila como pude y me subí al coche. En mi cabeza solo cabía la suerte que había tenido. Me habían recogido en muy poco tiempo. No era hasta mi destino pero me acercaba bastante.

  • ¡Hola! Me llamo Julián, ¡muchas gracias por recogerme!
  • Hola, yo me llamo Julieta. Te estábamos pitando pero no te enterabas. Te he visto ahí parado y le he dicho a mi amiga “Para para, tenemos que llevarle”. Yo he hecho alguna vez dedo y sé lo que es estar ahí esperando a que alguien te recoja. ¿Quieres Mate?
  • Sí, ¡muchas gracias!
  • Toma, coge una galleta también.

No me lo estaba creyendo, dos chicas simpatiquísimas me invitan a Mate con galletas mientras me acercan a mi destino con la única intención de ayudar a alguien que, aun sin conocer de nada, quieren hacerle sentir bien, quieren compartir su tiempo con él y conversar, nada más. ¿No es esto maravilloso? para mi lo es, para mi es la esencia del ser humano, para mi es la base de la humanidad, para mi es lo que hace que, de una forma u otra, este mundo pueda avanzar y no se autodestruya.

Pues si esto te parece igual de increíble que a mi espera, llegando a su destino me dice:

  • Puedes pasar a casa si quieres, por si necesitas ir al baño o quieres descansar algo.
  • ¡Mil gracias! la verdad es que me vendría bien parar unos 5 minutos antes de seguir.

Así fue como llegamos a la casa de Julieta, una casa más que humilde donde se encontraba su padre con su hermana pequeña.

  • Mira papi, este es Julián, un chico de España que esta viajando por el mundo y le hemos recogido en la carretera. Va camino de Tucumán.
  • Hola Julián. Estoy preparando carne para la comida, te quedas a comer antes de seguir tu viaje.

Prácticamente no me lo estaba ofreciendo, ¡me lo estaba ordenando! imaginaros mi cara de incredulidad…

  • Gracias señor, pero no pretendo ser una molestia, yo con pasar al baño me conformo, de verdad.
  • Julieta, prepara la mesa para los cinco.

Sin darme cuenta, me encontraba sentado a la mesa comiendo con una familia que me estaba regalando su comida, su compañía, su amistad sin tan siquiera conocerme. ¿Aún seguís con la idea en la cabeza de que la gente es mala? Por si no había quedado claro en mis entradas anteriores, cada día que paso en este viaje me convenzo más y más de que la gente es increíble y que merece la pena creer que la bondad abunda mucho más que la maldad, que no hay que vivir con miedo ni dejar de ayudar a nadie por el temor a que sea una mala persona. Yo no voy a dejar que el miedo tome decisiones por mi. ¿Tú lo vas a permitir?

Después de pasar una sobremesa conversando sobre el tema recurrente en estas ocasiones, las diferencias entre los países y la situación de Argentina y el mundo en general, me despedí de la familia con la mayor gratitud posible y me coloqué nuevamente a pié de carretera, dispuesto a seguir mi recorrido y alcanzar mi destino, Tucumán. Ya llevaba más de 30 minutos y caí en la cuenta que ponerme hacer dedo a las tres de la tarde no era la mejor decisión que había tomado. La gente está descansando después de la comida y había poco tráfico. De todas formas no me quedaba otra que perseverar y seguir confiando en que alguien pararía. Así fue, no llegaron a pasar cuarenta minutos cuando un Ford azul oscuro se para a poco metros de mi. Una pareja que se dirigían a Tucumán se ofreció a llevarme. Nuevamente me sentí muy afortunado, el coche era bastante cómodo y la pareja era muy simpática. Como buenos argentinos compartieron el Mate conmigo y ¡hasta me prepararon un pequeño bocata de jamón y queso para la merienda!

El viaje se hizo muy ameno, charlando sobre su trabajo y que iban a un congreso de turismo en el Hotel Hilton ya que él era el jefe de una empresa de turismo que vende paquetes turísticos a otras empresas más pequeñas. Dio la casualidad de que el hotel se encontraba a pocas cuadras de la casa de Pato, donde me quedaría esa noche (llamémoslo karma), por lo que no tuve que coger ningún bus ni nada, aparcaron el hotel, les ayudé a subir las maletas en  agradecimiento por todo lo que habían hecho por mi y tome el camino dirección a la casa de Pato.

El día previo Pato me avisó que estaría trabajando hasta tarde pero me pasó el contacto de una chica ecuatoriana que también se estaba quedando en su casa como coucher (así se denomina a las personas que se alojan a través de la web de Couchsurfing) y que le escribiera a ella para que me abriera la casa, que ella tenía las llaves. Así hice y acordamos en vernos en la puerta de la casa. Yo llegué antes que ella por lo que me quedé en la acera esperando a entrar. Un hombre salió a la calle despidiendo a otras personas y al verme me pregunta:

  • ¿Vienes buscando a Pato?
  • Sí, no se encuentra en casa ahora mismo pero viene una chica con las llaves para abrirme.
  • Entonces pasa, no esperes en la calle que es peligroso, espera dentro del bloque. El mes pasado paró una furgoneta y robaron a una chica que esperaba en la acera. Pasa pasa.

Bueno, un pequeño baño de realidad tampoco viene mal para no bajar la guardia. Siempre digo que hay que usar el sentido común y que eso es más efectivo que cualquier medida que puedas tomar para evitar que te ocurra algo parecido. Además, no era el primero que me lo decía así que no dude en pasar y esperar dentro. De todas formas, Caro no tardó más de 10 minutos en llegar y subimos a la casa a esperar que Pato saliera de su trabajo y llegara al piso.

Pato no tardó en llegar. Aunque su nombre es Patricio todos le conocen como Pato. Es un chico bastante interesante y muy implicado con proyectos sociales en la Universidad de Tucumán. Me recordaba mucho a mi cuando estaba en Huelva y formaba parte de la asociación AUPAD que tantos y tan buenos recuerdos me trae cada vez que echo la vista atrás. Tal como llegó nos comenta:

  • Chicos, esta noche hay un encuentro de Couchsurfing en un bar de aquí cerca, ¿Queréis ir?
  • ¡Claro! – gritamos al unísono Carol y yo.

Nos abrigamos algo y nos fuimos directamente al lugar. Pato nos llevo a todos en su coche. Los encuentros de Couchsurfing son algo bastante común en todo el mundo. Por no ir más lejos, en Sevilla se hacen encuentros de este tipo todo el año. Son reuniones de gente que le gusta practicar esto de “surfear sofás” y tienen inquietudes similares. En esta ocasión, Carol y yo éramos los dos únicos couchers, los demás eran todos host o personas que ofrecían sus casas en la red social. La verdad es que fue bastante entretenida la noche. Se trató de mi primer encuentro de estas características al que voy y me encantó ver como había tanta gente que compartían los mismos principios que tú. Nos habíamos reunido como unas veinte personas y todas contando sus experiencias tanto alojando a gente como quedándose ellos en casa de otros. Puede que te sorprenda, pero ninguna de ellas había tenido nunca una mala experiencia. Lo peor que le pasó a alguien fue que alojó a una chica que estaba en medio de una depresión y se la pasó llorando todo el tiempo, eso fue lo más grave.

Pasaron las horas y nadie se iba, todos nos lo estábamos pasando muy bien pero lamentablemente, mi idea era proseguir mi camino a Salta y quería levantarme temprano para seguir haciendo dedo así que nosotros tres fuimos los primeros en abandonar el lugar. Caro tenía la inquietud de hacer dedo también pero no tenía la seguridad suficiente por el hecho de ser una chica viajando sola por lo que le propuse de ir juntos a Salta. Ella se mostró encantada y emocionada por la idea de hacer dedo por primera vez en su vida. Y así fue como terminamos esa noche, con el buen sabor de boca de una velada fantástica y la ilusión por empezar un nuevo día de travesía.

Fijaros, todo esto me pasó en mi primer día de aventura con destino a la frontera con Bolivia. Sinceramente, era difícil de ser superado y de hecho fue el mejor de los días en los que he hecho dedo. No obstante, todavía me esperaban muchas, muchas experiencias que nunca podría haber imaginado en mi camino a Bolivia, experiencia que ya estoy deseando contaros y compartir con todos vosotros. Pero eso tendrá que esperar a mi siguiente entrada, por hoy ya es suficiente que tengo que descansar para mañana, día en el que descenderé por la famosa carretera de la muerte de Bolivia en bicicleta.

One thought on “La Bondad de la Carretera

  1. Amigo!!!! Que hermosas tus palabras! Una caricia al alma tus reflexiones y forma de ver la vida!!!! Tenes esa vibra q siempre es linda encontrar y compartir! Muy feliz haberte conocido y compartir el camino! Un abrazo inmenso!

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