Empezando en Myanmar

Como siempre, tengo que aprovechar cada rato que uno pueda tener libre para escribir tranquilamente y no hay mejor momento para hacerlo que mientras estás volando hacia tu próximo destino, en esta ocasión Myanmar.

Sinceramente, no sé mucho sobre este país, más bien nada. Para algunos el conocer que existe, poder situarlo en el mapa y saber su capital es más que suficiente pero yo voy a pasar 28 días aquí, lo máximo que te permiten con la visa de turista, y la verdad es que me siento como si estuviera llegando a clase por la mañana sabiendo que no llevo los deberes hechos, aunque ¿Qué mejor manera de conocerlo que pasando todo un mes en el país?

Me he podido despedir de India de una manera bastante bonita. Mi última noche pude ir, medio de casualidad, a un concierto en un “pub” de una banda india pero en la que cantaba una chica alemana con una voz preciosa. El que me conoce sabe que una de las cosas que más me gustan y de las que más disfruto en esta vida es acudir a un buen bar o sala (como por ejemplo “La Sala” en la Plaza del Pumarejo de Sevilla, uno de mis lugares favoritos) y disfrutar con un buen concierto en directo de alguien que probablemente no haya escuchado hablar antes pero del que te quedas tan sorprendido que empieza a formar parte de tu biblioteca musical desde ese momento.

Hay miles de experiencias y situaciones que me quedan en el tintero referentes a India, como que nos equivocamos de barco en las islas Andaman, o cuando llegamos 20 minutos antes de que partiera el barco pero aun así ya había partido, o cuando me derrapó la moto que llevaba y nos fuimos al suelo (referente a esta anécdota remarcar que estoy perfectamente mami, no nos pasó nada y continuamos con el paseo 😜). Pero todas ellas se tendrán que quedar guardadas por ahora, no las olvidaré nunca por lo que no descarto que algún día escriba algo sobre ellas pero ahora le toca el turno a Myanmar.

Hasta este momento considero que he tenido mucha suerte, o muy buen Karma, y todo me ha ido saliendo bien. He tenido la casualidad de coincidir en el vuelo a Yangon con Joana, una chica española que también estaba de voluntaria en Mother House, y su novio, por lo que he estado entretenido durante todo el trayecto (También por que me descargué el segundo episodio de la séptima temporada de The Walking Dead 😝). 
Nada más aterrizar en Yangon nos separamos, ellos tenían algo de prisa ya que habían comprado los billetes para el autobús de las 16:00 y eran las 15:30 cuando por fin pudimos recoger nuestras maletas. Lo primero que hice fue sacar dinero del cajero para poder tener para el autobús y los primeros días. Cual fue mi sorpresa cuando veo que el cajero donde estaba sacando dinero se queda bloqueado, con mi tarjeta dentro y sin darme un solo billete. Bueno, que no cunda el pánico me dije. En caso de necesidad tengo más tarjetas pero quería evitar por todos los medios los trámites que supone el tener que cancelar la que estaba dentro del cajero y solicitar una nueva. Hable con una chica que se encontraba en la ventanilla colindante al cajero y le expliqué la situación. Se fue a buscar la llave para poder abrirlo, momento que aproveché para consultar el saldo de mi cuenta con el móvil (ya que tenía el Wifi del aeropuerto) y cual fue mi sorpresa al ver que, aun no habiéndome dado un solo billete, me habían quitado de mi cuenta lo que se suponía que había sacado. La chica consiguió darme la tarjeta pero no el dinero. Al final pude sacar dinero en otro cajero y he reclamado a mi banco que me regularicen la situación, a ver si tengo suerte.

Creo que al salir del aeropuerto fue la primera vez que he sentido la sensación de saber a dónde quiero ir pero no tener ni idea de cómo hacerlo y he de decir que me encantó. Sin internet y con tan solo unas instrucciones bastante escuetas tenía que llegar desde el aeropuerto a Thabarwa Centre, donde pasaría las siguientes semanas. En teoría había una parada del autobús a unos 800 metros nada más salir del aeropuerto a la derecha pero yo no encontré nada. Decidí preguntarle a un chaval que pasaba y me dijo que él se dirigía hasta la parada, que le siguiera. ¡Genial! pues asunto resuelto, llegué a la parada 15min después y chorreando de sudor. Caminar con las dos mochilas bajo el sol de aquí no es fácil. Una vez en la parada me indicaron que el autobús que me llevaría hasta Sule Pagoda era el número 51. Lo que ellos estaban obviando era que yo no tengo ni papa de hablar birmano y el número 51 es algo así como que no tiene nada que ver con el 51 en números normales. Al final conseguí montarme en el correcto después de dejar pasar unos cuantos. Al llegar cerca de la Sule Pagoda pregunto a otro señor cuál tendría que ser mi siguiente autobús para llegar cerca de donde se encuentra el templo y muy amablemente el señor se bajó conmigo, esperó a que llegara el bus y se aseguró que me montaba en el correcto. Ya en ese momento estaba impresionado de la amabilidad de las personas en Myanmar sin embargo, el colofón fue cuando llegando cerca del templo le pregunto a otro joven sentado a mi lado que dónde tenía que bajarme. No solo se bajó conmigo para indicarme sino que le pagó a un mototaxi para que me llevara. Intenté impedirlo ya que acababa de sacar dinero pero el chico insistió y no me dejó pagar a mi. Fueron como unos 15 céntimos que a nosotros no nos supone nada pero aun así es de agradecer un gesto como ese de alguien que ni siquiera te conoce ni habla tu idioma.

Al llegar al centro, ya en plena noche, sin preguntarme absolutamente nada de nada, me dieron una cama de madera donde dormir (sin colchón), sábanas y una mosquitera para las noches, me guiaron hasta la oficina del voluntario donde estaba teniendo lugar el meeting de bienvenida y desde ese mismo instante empezó mi etapa en este templo budista.
Aunque llevo pocos días en Myanmar, la impresión que tengo es que es un país más avanzado en ciertos aspectos que India y Nepal. Por ejemplo, el tema del tráfico está mucho más ordenado y regulado y la gente respeta mucho más a los demás. Una cosa curiosa es que durante la dictadura, como unos 10 años atrás, se ordenó cambiar el sentido de la circulación y pasaron a conducir por la derecha, como en España, pero aún ves los coches con el volante a la derecha, como en Inglaterra, conviviendo con los más nuevos modelos que ya lo tienen a la izquierda.

Estoy deseando que pasen algunos días para poder contaros como es este centro Budista y cómo son los monjes de aquí. Como anticipo os puedo contar que ¡no son para nada como yo me esperaba! pero bueno, eso es lo bonito de viajar, que te cambia los esquemas rápidamente y te hacen ver la realidad con mayor claridad.