Aventuras Por Nepal

Nunca las aventuras vinieron a casa a buscarme, nunca sentado en el sofá empezó algo que no olvidaría. Las aventuras y las experiencias enriquecedoras solo pasan si uno está dispuesto a afrontar que debe salir a buscarlas, sin miedos, sin prejuicios, sin complejos. Yo simplemente, consciente de todo ello, salí a buscar las mías.

Esta semana pasada ha sido alucinante. He tenido toda clase se situaciones, buenas y malas, momentos increíbles, sentimientos encontrados, emociones difíciles de explicar… y lo único que hice fue decir: “Vale Shiva, vámonos de ruta”.

Es imposible contar todo lo acontecido en pocas palabras para que no os aburráis, condensar lo vivido y lo sentido en pocos párrafos es complicado. Aun así quiero contarlo todo, no quiero dejarme nada en el tintero, quiero conseguir expresar lo máximo para que consigas imaginarte al menos una ínfima parte de lo que fue, por eso lo voy a dividir por días para que sea más sencilla su lectura.

Y para que nadie se pierda, dejo el mapa del trekking.

ghorepani-poon-hill-trek

Día 0Día 1Día 2Día 3Día 4Día 5Día 6
He decidido empezar por el día 0. En este día simplemente nos trasladamos desde Katmandú hasta Pokhara, un pequeño pueblo en la montaña a las orillas de un lago enorme. Es bastante turístico ya que es el punto de partida para todas las rutas y expediciones que puedas realizar por la zona. Además cuenta con el atractivo del lago y la stupa de la paz en lo alto de la montaña. Tiene dos zonas bastante diferenciadas, la turística (Lake Side) y la no turística (resto de la ciudad). La diferencia es abismal, la turística se conserva bastante bien, llena de hoteles y comercios, limpia y casi que podría decir ordenada, mientras que el resto de la ciudad es simplemente como en el resto del país, desorganizado, sucio y ruidoso.

Pero empecemos por el principio. Nos levantamos bastante temprano, como a las 7:00 de la mañana, con la intención de tomar la primera furgoneta con destino Pokhara e intentar pillar el menor atasco posible. Si, viajamos en furgoneta. Son llamadas Vans y tienen capacidad como para unas 17 personas, 17 asientos, pero esta gente se sacan asientos de donde no los hay y en el viaje de ida llegamos a ser hasta 21 personas. Solo hay como unos 200 Km entre las dos ciudades pero el camino se hizo largo, muy largo, duró unas 6 horas largas. Imaginaros una carretera entre las montañas, curvas cada pocos metros, baches, desprendimientos de tierra y camiones, muchos camiones. Pues así todo el camino, con momentos de miedo al ver como en Nepal la gente invade el carril contrario como Pedro por su casa, sin miedo a no tener visibilidad, simplemente hacen sonar el pito como para avisar y listo. Podríamos decir que he perdido el miedo a encontrarme con un camión de frente mientras adelantamos a otro. Todo esto puede parecer una locura, y quizás lo sea, pero no es tanto como la impresión que uno tiene a primera hora. Es algo normalizado, es la forma de conducir aquí, es un diario, algo común, y por consiguiente la gente lo tiene interior izado, sabe que le puede venir alguien de frente por su carril en cualquier momento y no pasa nada, frenan y les dejan espacio para que terminen el adelantamiento y listo, a seguir cada uno por su camino. Supongo que al ser algo cotidiano se ha vuelto un poco menos peligroso.

Llegamos por fin a Pokhara, reventado la verdad, cansado de no haber podido pegar ojo en todo el trayecto y con la espalda molida, pero llegamos. Lo primero fue tomar un bus local para ir hasta la zona del lago. Al subir al autobús notaba como todo el mundo se me quedaba mirando, parecía como un bicho raro que hace cosas raras y que habla raro. Ciertamente lo era, con mi mochila de 70L a la espalda y con la cara de asombro que no se me quita desde que llegué aquí.

El hotel en el que nos alojaríamos estaba algo apartado pero me dio buena impresión desde el principio. Subí a la segunda planta donde estaba mi habitación, abrí la puerta, entré y solté la mochila entre medio de las dos camas y al girarme lo vi, no me lo creía, me froté los ojos como si me estuvieran engañando pero no, estaba ahí, en el baño. Era reluciente, blanco impoluto como lo son en todos lados y casi de manera instantánea mi barriga empezó a alegrarse también, me empezó a entrar unos retortijones que eran difíciles de disimular… ¡POR FIN VOLVERÍA A CAGAR EN UN VÁTER! Sí, vosotros reíros, pero a mi me dio una alegría que ni el Colacao de las mañanas.

Bromas a parte, después de hacer lo que tenía que hacer nos fuimos a dar una vuelta y ver la zona. A la orilla del lago hay un camino que se antoja pasear, muchas parejas van a sentarse en el césped y muchos bares con terracitas y vistas al lago. Caminamos un rato pero decidimos al poco volver al hotel, me apetecía descansar algo antes de ir a cenar así que me relajé sentado en un balcón común de mi planta, escribiendo en el diario y charlando con algunos amigos mientras aprovechaba la oportunidad del Wifi del hotel.

No hicimos mucho más este día, salimos a cenar a un restaurante indio con al peculiaridad que en mitad de la cena empezó a diluviar, pero a llover a mares. Efectivamente habíamos traído paraguas, pero lógicamente los dejamos en el hotel así que nos tocó mojarnos de vuelta.

Siguiente día ▶︎

¡Por fin había llegado el día! hoy si nos pondríamos manos a la obra y empezaríamos nuestra caminata por las laderas de las montañas, uno de los trekking más famosos de la zona, el conocido como Ghorepani Poon Hill Trek.

El madrugón fue curioso, a las 6:30 de la mañana ya tenía que estar listo para salir, aun nos quedaba algo más de hora y media en autobús hasta llegar al punto de partida. Empezamos a caminar en busca de algún bus local que nos acercara a la estación de autobuses. No tardamos en encontrar uno, vacío y con espacio para la maleta, increíble. Una vez alcanzada la estación Shiva realizó todas las gestiones para comprar el ticket correcto para el autobús apropiado. No es difícil moverte solo por Nepal y chapurrear inglés con la gente, pero cuando te tienes que enfrentar a comprar un billete de autobús local (hay otra estación con autobuses para turistas) donde nadie habla inglés más de 3 palabras y todos quieren que te subas a su autobús aunque no vayas en esa dirección, se hace algo complicado y desesperante.

Por fin llegamos a Nayapul, nuestro pueblo de partida. Bajamos del autobús y sin perder un minuto empezamos a caminar. Cruzamos rápidamente el pueblo, claramente adaptado al turismo con tiendas de todas clases, y desde los primeros metros ya se antojaba un trekking precioso. Tomamos el camino y empezamos a subir, siempre siguiendo el río, como si nos marcara el camino.

Había transcurrido poco más de una hora cuando llegamos a una parte del camino por la que atravesaba un pequeño riachuelo. Bueno, no era tan pequeño ya que nos tuvimos que quitar las botas y echárnoslas al hombro para poder cruzar. Fue en este punto donde me topé con un grupo de unos 15 españoles que se dirigían al campo base del Annapurna. En ese momento solo crucé algunas palabras con un par de ellos y con su guía durante todo el viaje, una chica colombiana afincada en Madrid y que les hacía de mediadora entre la empresa de viajes española y la empresa de trekking en Nepal.

Este primer día fue algo relajado, no tuvimos que andar mucho hasta alcanzar Tikhedunga, como unos 12Km. Tikhedunga es como una pequeña aldea en mitad del camino, con varias casas para los turistas, las conocidas como Guest Houses, y un puñado de casas familiares, todo super auténtico.

¿Adivináis lo primero que hice cuando llegamos a la Guest House? pues sí, me eche una siesta como manda la tradición española, pero poco iba a durarme ese placer ya que a los pocos minutos de acostarme llegó un grupo de chinos, mayormente mujeres, que se pusieron a cantar y bailar con los porteadores y los guías canciones típicas nepalíes y algunas chinas. Era gracioso ver como bailaban y cantaban, me recordaba a las típicas reuniones familiares que tras la cena y unas copas empiezan todos a bailar y cantar como si no hubiera un mañana. Me limité a sentarme al lado de la ventana de la primera planta a observarles mientras bebía a sorbos un rico té de limón.

El sitio era bastante bonito, yo estaba encantado ya que no había visitado pueblecitos así nunca. El comedor tenía vistas al valle y era un placer sentarse al lado de la ventana y disfrutar de la bebida de bienvenida que nos pusieron, un agua de limón con azúcar que estaba riquísima.

Esa misma noche ya tuve mi primera gran anécdota. Me senté a la mesa con Shiva y un guía más que acompañaba de dos chicas coreanas, comentábamos el camino y lo lentas que eran cuando llegó una mujer inglesa con su guía. Al principio bromeaba con el guía por que no tenía ninguna pinta de ser de Nepal, era igual de blanco que yo, pelo medio rizado, y rasgos más alemanes que otra cosa. Entonces entró en la conversación la mujer. Parecía asustada, hablaba super rápido y apenas la conseguía entender, decía que nadie le había informado de nada, que no sabría si tendría que pagar la cena o no, que no sabía dónde ducharse, que le habían dicho que no hacía falta saco de dormir pero que se iba a morir de frío por que no tenía mantas… Una joya para el guía vamos. Entre todos intentamos tranquilizarla, le dije que yo también viajaba solo, que las mantas te las dan si las pides, que la ducha tenía agua caliente y que no tendría que pagar la cena si había contratado el trekking. Parecía más relajada cuando me preguntó por mi viaje, yo le conté un poco por encima lo que estaba haciendo pero intenté no alargar la conversación, no me estaba dando mucha confianza. A los pocos segundos, cuando veía que no le pensaba preguntar por su viaje me aborda diciendo (con un perfecto acento inglés): “Pues como veo que no te interesa lo que yo estoy haciendo te lo voy a decir, estoy aquí por que tengo el corazón roto y tengo ganas de morir”. Todo esto con una cara de loca impresionante. Todos intentamos no darle la mayor importancia, la mujer estaba claro que tenía un toque dado, y su guía la verdad es que la trataba más que bien como para que tuviera esa actitud.

Bueno, pasado este momento y tras cenar algo nos fuimos a la cama, el día siguiente iba ser duro y teníamos que descansar.

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Amanece muy temprano en Nepal, sobre las 5:30 de la mañana ya es pleno día y la actividad de la gente inicia con los primeros destellos de luz. Esto quiere decir que me despertaron los ruidos de los locales abriendo las tiendas, preparando las cosas y empezando sus jornadas.

Shiva y yo fuimos los primeros en bajar al comedor para el desayuno. Estaba cansado de arroz para todo y con todo así que pedí unos huevos fritos con pan de molde, mantequilla, unas patatas cocidas y verduras, acompañado con un hot lemon ginger honey que para que os hagáis una idea es como un té de limón con ginger y miel que está para beberse litros y litros.

Llegó el momento, empezamos a subir la montaña con destino Ghorepani. En ese día subiríamos más de 1500 metros de desnivel en poco menos de 12Km, en ese momento no lo sabía pero el recorrido sería prácticamente todo escalones. No habían transcurrido ni 30 minutos de desde que salimos cuando escucho a Shiva decirme que parara un momento. Me detuve en una especie de banco hecho con piedras que podías encontrar cada pocos kilómetros y que eran zonas de descanso. Yo no paraba de echar fotos y no me di cuenta hasta que me giré y vi el cuello de Shiva, lleno de ronchas enormes que se extendía por la cara y empezaban a aparecer en los brazos. De manera instantánea le pregunto que si se encuentra bien a lo que me responde que sí pero con los ojos cerrados y la cabeza agachada. Estaba sentado en este banco como para descansar y le veo que se va dejando caer para atrás. Rápidamente me acerco y le sujeto la cabeza mientras le pregunto que cómo estaba.

– Shiva, Shiva, ¿te encuentras bien?

– …

– Shiva, ¿me oyes?

Había perdido el conocimiento y estaba sufriendo una fuerte reacción alérgica. Tuve suerte que detrás de nosotros habían iniciado la etapa un chico del norte de Inglaterra y su guía, los cuales me ayudaron a tumbarlo y a manejar la situación. No quiero entrar en muchos detalles ya que hasta ahora ha sido la peor de las experiencias que he vivido y no quiero manchar el viaje con estas cosas, pero Shiva perdió el conocimiento hasta en 3 ocasiones. Lo importante es que tras unos 20 minutos de susto y tensión empezó a recuperarse y ya parecía estar estabilizándose. Yo llevaba antihistamínicos conmigo pero no podía tomar nada porque tiene el estómago delicado y su médico le había dado una lista de lo que si podía tomar y lo que no.

Todo se quedó por suerte en un susto, un gran susto producido por su alergia a ciertos alimentos y que había ingerido esa mañana. Seguimos el camino despacio, con calma, Shiva seguía flojo de fuerzas y parábamos cada pocos minutos. Para mi mejor, el camino era difícil y todo eran escaleras que hacían que se me cargaran las piernas una barbaridad.

Tras un par de horas andando llegamos a uno de los muchos restaurantes para viajeros que hay a lo largo del camino. Era temprano, pero vista la situación decidimos parar allí para comer algo, reponer fuerzas y seguir con nuestra etapa. Lo mejor que pudimos hacer, mientras comíamos empezó a llover, por lo que nos libramos de mojarnos, y cuando terminamos para retomar el camino ya habíamos recuperado las fuerzas y pudimos retomar nuestro ritmo habitual.

No fue difícil alcanzar Ghorepani, en total unas 6 horas de ruta que visto lo ocurrido estaban bastante bien. Esta aldea o pueblo era notablemente más grande que las demás por las que había pasado, era obvio pensar que tendría algo de interés con respecto a las otras y no me equivocaba.

Nada más llegar hicimos lo de costumbre, ir a la Guest House y registrarnos para tener las habitaciones y soltar todos los bártulos. Allí me topé con el grupo de españoles que se alojaban en el mismo sitio que nosotros, se encontraban todos sentados en una mesa como de comunión esperando la comida impacientes. Subí a mi habitación tras saludarles con la intención de echarme un rato pero que suerte la mía, habitación justo encima del comedor, me enteraba absolutamente de todo lo que estaban hablando justo debajo mía. A pesar de ello pude conciliar una siestecita cuando de repente empiezan a aporrear la puerta de mi habitación. Era el guía del grupo de españoles que estaba avisando a todo el mundo de que habían quedado a las 16:00 horas para hacer una pequeña expedición a Poon Hill, el lugar que hacía especial ese sitio. Obviamente se había confundido de puerta, resulta que mi habitación estaba en medio de la de todos los españoles y el se limitó a ir llamando una por una. Cosas que pasan.

Yo esa tarde la pasé paseando y conociendo los rincones del pueblo con Carmen, una de las mujeres del grupo que no había querido unirse a la expedición. Pudimos hablar y conversar de las formas tan distintas de viajar y de cómo lo hacían unos y otros. Fue una tarde entretenida.

Durante la cena tuve la oportunidad de conocer a dos chicas muy simpáticas de Cataluña, Júlia y Núria, con las que pude tener una conversación muy interesante ya que ellas estaban también en Katmandú haciendo un voluntariado con otra familia. Después de esa noche prácticamente coincidiríamos en el resto del camino.

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Estos días me había acostumbrado a madrugar pero lo del tercer día no tenía nombre. Nos despertamos a las 3:45 de la mañana para poder alcanzar el Poon Hill antes de que amaneciera. ¿Cómo? ¿Que qué es el Poon Hill del que tanto hablo? Ah!! Pues os lo cuento.

Este pueblo o poblado (ya no sé ni cómo llamarlos) se encuentra en la colina de una montaña cuya cumbre se le llama Poon Hill. Se encuentra a más de 3200 metros de altitud y desde este punto se observan unas vistas del amanecer tras las montañas nevadas que son espectaculares.

Aclarado esto, a las 4:10 ya estaba abajo en la entrada del Guest House para emprender el camino a Poon Hill. Parecía que éramos los primeros pero a los pocos minutos de empezar a caminar en plena oscuridad, linternas en mano (o cabeza), nos topamos con las dos chicas catalanas que habían salido poco antes que nosotros. Como al poco de empezar a subir nos topamos con una casetilla donde había un señor cobrando los ticket pa subir, pero esto de los tickets en Katmandú es un cachondeo por que puedes entrar siempre por otro lado donde no tienes que pagar nada. Pero bueno, fueron 50 rupias (menos de medio euro) y quiero pensar que contribuimos al desarrollo de la comunidad.

La subida fue dura, sobre todo por la hora, pero es que eran unas escaleras continuas prácticamente. Tardamos como unos 45 min en llegar a la cima y cuando llegamos estábamos sudando, con frío, sin ver un carajo y, lo mejor de todo, totalmente cubierto por la bruma y las nubes.Ya nos habían comentado que esta posibilidad podría darse, vamos, que en esta época es lo más común, que te pegues el pateo para subir y no veas absolutamente nada. Aun así ¡nosotros no perdimos la fe! Nos sentamos en la base de lo que parecía una torre forestal pero más ancha, a la espera de que el día empezara a aclararse. Poco a poco iban subiendo los demás senderistas que se quedaban en el mismo pueblo que nosotros (sí, por si no había quedado claro, habíamos sido los primeros en llegar). Intentábamos pasar el tiempo charlando y contando chistes, que a las catalanas les encantaba, mientras lentamente íbamos notando como cambiaba la luz del ambiente, todo se iba aclarando poco a poco y de repente, como de la nada, apareció. Era el Annapurna South, uno de los picos más altos, entre las nubes, como si estuviera enmarcado por ellas, y todos nos quedamos impresionados. Subimos rápidamente a la “torre forestal” para poder apreciarlo mejor y disfrutar de unas vistas que eran simplemente impresionantes. Nos quedamos embobados viendo los picos mientras intentábamos tomar la foto de nuestras vidas. Aun no había salido el sol y yo ya llevaba como unas 30 fotos. Una verdadera lástima que no haya salido ninguna verdaderamente buena.

Pasamos allí como una hora y media o así, ya estaba aquello lleno de gente, incluido el grupo de españoles. Fue allí arriba cuando conocí a Berni, otro chico catalán (parece que en Cataluña cuando le dan por algo van todos o ninguno) que también viajaba solo, venía de haber subido hasta el Campo Base del Annapurna y estaba haciendo el mismo trek que nosotros pero al inverso. El también es un loco de los míos, de los que decide irse y listo. Se había pegado un mes en Marruecos, había estado en no sé qué otro sitio y ahora estaba un mes en Nepal. Quizás me lo vuelva a encontrar por Sudamérica, quién sabe.

Decidimos bajar pronto, para no llegar con toda la patulea de gente que después se hace muy larga la espera para el desayuno. ¿Os acordáis de la chica esa loca inglesa? Pues nos la encontramos a ella y su guía subiendo justo cuando nosotros bajábamos. Shiva y el otro guía intercambiaron algunas palabras en nepalí y yo me limité a saludarla y darle ánimos para subir. Cuando ya nos distanciamos un poco me comenta Shiva que le ha dicho su guía que van progresando, que ya al menos no se lleva todo el día diciendo “quiero morir, quiero morir”. En fin, cosas del camino. Poco antes de las 7:00 ya estábamos en el hostal. Berni había decidido hacer el checkout del donde el se encontraba y venirse al nuestro para desayunar con nosotros así que éramos tres catalanes y un andaluz jugando a las cartas en un pueblo perdido de Nepal, todo un chiste. Congeniamos muy bien a pesar de las diferencias, les costaba mucho trabajo hablar todo el rato en español y yo hice por primera vez en mi vida el esfuerzo de entender a un catalán hablando en catalán. A las 8:00 en punto yo retomé mi ruta con Shiva.

No habíamos ni empezado la etapa que teníamos para ese día y ya había sudado, intuía que me esperaba una etapa algo dura. Por suerte el siguiente destino era Tada Pani, pasábamos de estar a 2900 metro de altura a 2300 metros, intentaba convencerme de que tendría que ser una etapa facilita por eso de ir bajando, como para animarme a mi mismo. Error, empezamos subiendo, algo que no me cuadraba si teníamos que ir hacia abajo, pero es que el camino te llevaba por la cresta de la montaña y primero teníamos que subir hasta lo más alto, otra vez. Por suerte el camino era entretenido, nos íbamos topando con las mismas personas y eso hacía más llevadero el esfuerzo, que si un chico de Estados Unidos con su novia, que si el chaval inglés con su guía que nos ayudó en ese momento tan crítico, el guía con las dos chicas coreanas… Cuando no coincidíamos con nadie se cruzaba en tu camino el río con unas cascadas y cataratas preciosas, o te adentrabas en una zona super espesa y frondosa de árboles totalmente cubiertos de plantas enredaderas y verdina que daban al bosque un color precioso. Este día fue cuando tuve mi único percance en el camino, fue algo muy leve pero muy gracioso. En uno de esos momentos, que eran muchos, en los que los riachuelos buscaban el río y les daba igual lo que se les pusiera por medio, me resbalé al pisar sobre una roca que estaba totalmente sumergida y perdí el equilibrio. Fue muy leve, apoyé la rodilla y apenas llegué a llenarme de agua una pequeña parte del pantalón, ni siquiera me entró agua en los zapatos. Rápidamente Shiva se giró para preocuparse por mi a lo que yo le contesté que estaba bien mientras me limpiaba la pierna con el propio agua del riachuelo. Levanto la cabeza para seguir caminando y me encuentro a una fila de hippies, todos rubios y blancos, con sus porteadores y sus guías esperando a que yo despejara el camino para poder ellos cruzar el riachuelo. Mi cara fue de WTF! Y como si no hubiera pasado nada paso por su lado soltándoles un “Cuidado que resbala”. Se rieron del comentario y cada uno seguimos nuestro camino.

Llegamos a Tada Pani para la hora de comer, sobre las 13:00 horas. Echamos un vistazo rápido y seleccionamos un sitio para quedarnos. Yo no tenía ganas de seguir andando y menos después de habernos levantado a las 3:45 así que le dije a Shiva que esa noche la pasaríamos allí. Como a la hora y poco de haber llegado nosotros aparecieron Júlia y Núria y se nos unieron a la comida. Ellas tenían pensado seguir el camino después de comer pero empezó a llover así que pasamos la tarde en compañía, me enseñaron a jugar a la Podrida con las cartas.

Poco más que destacar en este día, fue una tarde muy amena en el comedor, jugando y charlando con la gente mientras fuera caía la monumental, con unos rayos y truenos que acojonaban. Encima este sitio era el primero en el camino en el que teníamos Wifi, pero como se fue la luz por la tormenta nos duró poco el entretenimiento.

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Sí, tal y como os imagináis, madrugamos, aunque ya no era madrugar casi, ya estaba acostumbrado a despertarme sobre las 6:00 de la mañana y no suponía trabajo. Aunque si me fastidiaron un poco las vecinas (las dos chicas catalanas), que les gustaba darle al pico como a ninguna y entre eso y que nos dividía una pared de paneles de madera pues ya os podéis imaginar, era como estar conversando con ellas.

Hoy sería una etapa light, era el último día del trekking, aunque nos quedaban por delante otras 6h de caminata y encima teníamos previsto finalizar en Pokhara. Como siempre, el camino resultó ser una maravilla, lleno de ríos y paisajes que pocos sitios pueden presumir.

Llegamos a Ghandruk sin muchas dificultades, una etapa tranquilita y facilona, aunque para animarla un poco nos llovió algo por el camino. No nos detuvimos aquí, continuamos andando hasta el siguiente pueblo que es desde donde salía el autobús hasta Pokhara. Llegamos y soltamos las maletas en el bus para reservar los asientos y nos sentamos a la sombra a esperar hasta que se llenara. No tardaron mucho en llegar Júlia y Núria.

Una vez llegamos a Pokhara cada uno des fue a sus respectivos hoteles, habíamos quedado para cenar los 4 que nos habíamos conocido en la ruta así que esa tarde le dije a Shiva que se la tomara libre, que me iba por mi cuenta. Me duche, aproveché que volvía a tener váter, ¡y salí con ganas de pasar un buen rato!

La noche fue muy amena la verdad, costó trabajo encontrar el hotel de Berni pero fue divertido buscarlo. Comimos en un restaurante bastante… como lo diría, cool. Tenía mesas bajitas y era todo como muy chillout. Las cartas me encantaron, eran como pequeñas agendas o diarios escritos a mano, cada página una cosa. En cuanto acababa la carta había una hoja que ponía “Free Expresión Pages” y te invitaba a que escribieras, dibujaras, pintaras o pusieras lo que quisieras, ¡una idea fantástica!

Cene esa noche una hamburguesa que me supo a gloria, con sus patatas y todo, acompañado de una cerveza de la región para probarlas y apenas me gasté 4€. Pasamos la cena charlando de todo en general, al principio nosotros 4, algo más tarde se nos unió otra pareja (el chico también de Cataluña).

Obviamente, con tanto catalán salió el tema de la independencia, lo sacaron ellos de hecho, y tuve la oportunidad de intercambiar con ellos puntos de vista. Hasta un puertorriqueño que estaba cenando en la mesa de al lado se metió en la conversación. La impresión con la que me quedé es que simplemente ellos se sienten catalanes de la misma manera que yo soy del Betis, porque es lo que he mamado de chico, es un sentimiento algo irracional o al menos esa fue mi impresión.

Yo me fui pronto esa noche, Shiva quería salir a las 6:30 de la mañana así que no podía descuidarme, al día siguiente íbamos a ir a su pueblo natal, Gorkha, a conocer a su padre.

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Amaneció un nuevo día. Los amaneceres aquí son preciosos, siempre algo más fresco y con buen tiempo. Creo que las primeras horas del día son mis favoritas aquí en Nepal.

No perdimos tiempo, nos quedaba un largo camino hasta llegar a Gorkha, buscamos la estación de autobuses para turistas y compramos nuestros tickets. Me da mucho qué pensar eso de que una ciudad tenga una estación de buses locales y otra para turistas.

Sinceramente prefería las pequeñas furgonetas. En el interior del autobús se notaba cada bache de la carretera, cada brinco o bote que pegábamos era bastante incómodo y molesto. Me mentalicé que tenía que aguantar unas 3 horitas nada más y listo. En realidad el bus no iba a Gorkha sino a Katmandú, pero tenía parada en la intersección donde estaba el desvío a Gorkha. Allí tomamos otro autobús, ésta vez bastante más chico, como si fuera un bus local, estrambótico como suele ser costumbre aquí. Los asientos eran de hierro, super incómodos, de hecho mis piernas no entraban y debía ir con las piernas en el pasillo. Al poco de salir, en el primer bache que había en la carretera, todos los que estábamos sentados en la parte de atrás pegamos un bote increíble, dándome con la cabeza en el techo del autobús. Pasé el resto del viaje acojonao, con la mano estirada y apoyada en el techo para no volver a darme. Fue un viaje incómodo y largo, pero después de las 2 horas de viaje por fin estábamos en Gorkha.

Pensé que ya habíamos llegado, se acabaron los buses por hoy, pero no podría estar más equivocado. Habíamos llegado a la ciudad de Gorkha, pero el padre de Shiva vive en la colina de una montaña a poco más de 1 hora y media en autobús, por lo que nos tocaba un último viaje. Grandísima suerte la nuestra que eran las 12:45 y no había hueco hasta el bus de las 16:00 horas. Decidimos comer algo y dar una vuelta para conocer el lugar. Subimos a una colina donde se encontraba el museo de Gorkha, pudimos entrar y disfrutar de un poco de historia sobre la región de Gorkha y Nepal en general. Ya lo sabía porque me lo había comentado pero en el museo tuve la oportunidad de enterarme con más detalles de la etnia Sherpa. Efectivamente, un sherpa no es todo el que veis cargando con las mochilas de los turistas que se vienen a pasear por Nepal o que ayudan en las expediciones al Himalaya o Annapurna.

Los Sherpas son una etnia muy antigua, muy fuertes y muy escasa. Solo ocupan el 1% de la población de Nepal, no llegan a más de 190.000 en todo el país. Cuánto daño ha hecho Españoles por el Mundo.

Bueno, hicimos tiempo y por fin nos metimos en el autobús. Quedaban todavía unos 15 minutos para que dieran las 16:00, el bus estaba al sol, los asientos eran igual de incómodos que siempre pero las ganas de salir cuanto antes nos motivaba. No fue hasta las 16:30 que el bus se lleno, y cuando digo que se llenó me refiero a que no entraba nadie más, el pasillo estaba lleno, en los asientos de atrás del todo había 7 personas en solo 5 asientos. A todo esto sumadle el calor que hacía y una música a todo volumen justo encima de mi cabeza, con el altavoz cascado y un camino de tierra.

Este ha sido sin duda el peor de los viajes que he realizado hasta ahora. Tras la primera hora tenía la impresión de que mi cabeza iba a estallar, había un tipo que casi estaba sentado en mis rodillas, la espalda me dolía a rabiar y aun nos quedaba como otra hora más de viaje. De repente el autobús se para en mitad del camino, la gente se empieza a bajar y pregunto qué está pasando. Por lo visto, debido a las fuertes lluvias el camino estaba impracticable, el autobús no podía seguir avanzando, ¡en ese momento vi la luz!

Shiva me dijo que andando habría como una hora y media larga hasta llegar a su poblado pero no me lo pensé dos veces, me eché la mochila a la espalda y nos pusimos a caminar. Se nos hizo pronto de noche, en mitad de ninguna parte, pero yo estaba contento por no tener que seguir soportando esa música horrorosa.

Llegamos por fin a la casa de los padres de Shiva, nos estaba esperando sentado en la puerta con una linterna, contemplando las estrellas. Tenía aspecto de una persona entrañable, aparentaba bastante más edad de la que tiene en realidad pero lo cierto es que tiene una vitalidad envidiable. Esa noche simplemente cenamos y nos acostamos pronto, ya tendría tiempo de disfrutar del sitio a la mañana siguiente.

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La vida en el campo, ¿Qué significa realmente la vida en el campo? Pues la vida en el campo es dura, difícil, pero al mismo tiempo es reconfortante, relajante, placentera. Vivir en el campo es otro mundo.

Los padres de Shiva viven en una casa que constaba de dos plantas no hace mucho tiempo. Se vino abajo por el terremoto y se quedaron solo con la planta baja donde ahora simplemente la usan para cocinar y como almacén. Tuvieron que construir una especie de choza con madera, bambú y techo de planchas de metal donde poder dormir tranquilos y seguros.

Me encantaba estar allí, lejos del ruido de las ciudades, lejos del bullicio de la gente, lejos de todo. No teníamos agua corriente ni luz, pero teníamos cabras, un búfalo, plantaciones de arroz, maíz, diferentes tipos de verduras y tiempo, sobre todo teníamos tiempo para hacer lo que quisiéramos, sin estrés ni preocupaciones, sin prisas ni agobios, sin nadie que nos moleste.

Lo primero que hicimos al levantarnos es tomar un té de leche de búfalo con algunas galletas, riquísima la leche de búfalo. No teníamos duchas pero había una fuente pública cerca así que recogí mi ropa sucia y nos dirigimos bien temprano a la fuente para lavar la ropa y aprovechar para ducharnos. Fue genial, ducharte en un chorro de agua procedente de algún río subterráneo mientras contemplas las montañas decoradas con las plantaciones de arroz a sus faldas fue algo que si no lo vives, si no lo sientes, es muy difícil de explicar. Sentí que eso era real, eso era auténtico.

La gente de las casas de alrededor pasaban y observaban como lavaba torpemente la ropa frotándola contra las rocas, otros venían simplemente a llenar los cántaros de agua y otros se quedaban charlando y dando conversación. Me recordaba mucho a mis campamentos de verano cuando aun era legal la acampada libre y los campamentos eran auténticos campamentos scouts.

Nada más terminar volvimos a la casa y el padre ya nos tenía preparado el desayuno, arroz con curry de patatas, sopa de lentejas y leche de búfalo. Ellos mismos fabrican una mantequilla que estaba de muerte, derretida la echábamos encima del arroz y estaba para chuparse los dedos. Reposamos, reposamos como una hora larga después del desayuno, sin hacer nada, a la sombre de los árboles.

Decidimos dar una vuelta para que yo conociera el entorno y no bastaría mucho para darme cuenta que las arañas eran el insecto predominante de la zona. Arañas del tamaño de la palma de mi mano, feas y aterradoras, pero inofensivas. Me paseó por los distintos terrenos y plantaciones. Por el camino dimos con el padre que estaba cortando hierbajos para alimentar a los animales. Me propuse ayudarle pero resultó ser más difícil de lo que me esperaba o yo más torpe de lo que me imaginaba.

Así llegó la hora de la comida, tras la cual nos quedamos a la sombre de la entrada de la casa haciendo algo de sobremesa cuando empezaron a llegar algunos vecinos. Todos llegaba, se sentaban y se unían a la conversación. Estaban intrigados por quién era esa persona tan rara que estaba en casa de su vecino.

Presenciar el atardecer en aquel lugar también fue algo muy especial. Coincidió con que se acercaba una tormenta y en el horizonte se podían ver los destellos de los rayos que otorgaban por segundo un color precioso a las nubes.

Así acabó el día, lloviendo y los 3 en la choza donde estaban las camas, haciendo algo de tiempo hasta que llegara la hora de dormir o nos entrara sueño.

No voy añadir un nuevo día por que realmente solo fue la vuelta a Katmandú. Tuvimos que andar desde el poblado hasta el pueblo de Gorkha ya que el terreno seguía igual y no iba a pasar autobús alguno. Fue una caminata de más de 3 horas, casi como una de las etapas del trekking. Al final llegamos a la casa de Shiva a las 19:00 horas (habíamos salido a las 08:15 de la mañana).

◀︎Día Anterior

Podéis ver el resto de las fotos de todos estos días entrando en la página de Galerías. Recordad que si os gusta mucho alguna foto la podéis tener en vuestras casas en pocos días, solo tienes que entrar aquí.